Cantata de sol radiante

Doblan las campanas.

Doblan las campanas y la luz entra en el cuarto.

Doblan las campanas y la luz entra en el cuarto mientras amanece un nuevo día.

Simón se despierta y abre los ojos. Mira al techo.

Simón se endereza y pone en marcha sus procesos mentales, uno tras otro. La luz del sol ha calentado un rectángulo de tarima junto a la cama y es ahí donde Simón apoya sus pies desnudos. Con potrillos trotando alegres en el prado azul de su pecho, Simón observa el cuarto sin levantarse de la cama. De un vistazo comprueba que todo está en el mismo sitio. La réplica del tren a escala sigue sobre la vía de plástico en el mismo sitio donde la dejó anoche. La caja con los cubos de colores está al lado de la puerta, en el mismo sitio donde la dejó anoche. El armario con su masa grande y marrón ocupa la esquina junto a la ventana, en el mismo sitio donde estaba anoche. La mesa sigue en la esquina opuesta, con su silla de madera. También estaba allí anoche. El cojín de la silla está sobre la silla. Las rayas del cojín son las mismas –tres, cinco, nueve. Cada raya tiene el mismo número de hebras, 384, excepto la raya azul que tiene 299. Cada hebra…

El cielo es azul.

El cielo es azul y un cuervo negro vuela.

El cielo es azul y un cuervo negro vuela sobre los tejados más allá de la ventana.

El siguiente paso en el proceso de levantarse es levantarse y por tanto Simón se levanta.

Hace hoy exactamente mil ciento sesenta y cinco días que vio una foto. La foto mostraba una panorámica aérea de un pueblo costero; casas blancas, olivos verdes y tierra rojiza. Cuando Simón se levanta, a sus pies contempla esa misma imagen, formada por incontables –no son incontables, son 1.546.233– piezas de Tente. Cada pieza está situada en el lugar exacto que le corresponde y que otorga a la increíble ciudad en miniatura la perspectiva del fotógrafo. Hay dos cosas que Simón ha tenido que aprender a aceptar; una, que los colores no pueden coincidir, y dos, que faltan piezas para completar la imagen de la fotografía.

En el mismo acto de levantarse, Simón alarga la mano y coge la caja que contiene las piezas aún sin ubicar. Se arrodilla junto al pueblo en miniatura y reanuda la colocación de piezas. Trigesimosexta pieza para la quinta casa junto a la iglesia. Trigesimoséptima pieza para la quinta casa junto a la iglesia. Trigesimo…

Su madre sonríe.

Su madre sonríe al mirarle.

Su madre sonríe al mirarle y Simón no entiende por qué lo hace.

09:00. Está en la mesa, vestido con pantalones marrones y polo azul. La madre y la hermana están sentadas con él. La televisión está encendida.

09:05. Comienza el desayuno. Las mujeres hablan. Hay atascos en las carreteras.

09:10. Toma un tazón de leche con colacao. Su hermana teclea en el móvil: «Cmo stas t echo d –». Un adulto con corbata golpea un púlpito de madera.

09:15. Mastica una tostada, que tiene exactamente trece semillas. Madre y hermana hablan. Secuencias de números atraen la mirada de Simón.

09:20. Come la segunda tostada. La hermana se levanta de la mesa dejando comida mordisqueada. Un jugador corre con una pelota de fútbol.

09:25. Encuentra la relación entre los números: logarítmica en base trece, curiosa coincidencia. Su madre se sujeta la cabeza con las manos. Un champú deja el pelo más limpio.

09:30…

Suena un timbre.

Suena un timbre y la madre se dirige hacia la puerta.

Suena un timbre y la madre se dirige hacia la puerta, donde espera un desconocido.

–Buenos días, salimos ahora mismo.

–Buenos días señora, no tenga prisa, yo les espero aquí fuera.

–Mamá.

–Simón, ven. Vamos a salir un paseo.

–¿A dónde vamos, mamá?

–Vamos a ver el mar. No te pongas nervioso, volveremos a la hora de comer, te lo prometo.

–A la hora de comer.

–Buenos días Simón, me llamo Eduardo.

–Hola.

–¿Te gustan los animales?

–A Simón le gustan los animales, tiene un pijama de caballos. ¿Verdad, Simón?

–Sí.

–Suban detrás. Iremos despacio para que puedan disfrutar del camino.

–He traído tu cubo de rubik. Toma, me lo vas dando según lo vayas terminando.

–Vale.

–¿Sabe el chico a dónde vamos, señora?

–No. Vamos a ver el mar, Simón, tú ya lo has visto otras veces, ¿recuerdas? Pero también vamos a ver algo más que te va a gustar.

–¿Qué vamos a ver, mamá?

–Es un buen chico.

–Es todo lo que una madre podría desear.

El agua está fría.

El agua está fría y las olas salpican.

El agua está fría y las olas salpican en el océano azul.

Simón se mantiene todo lo inmóvil que le permiten las suaves olas. Lleva puesto un bañador que no puede ver bajo la superficie caprichosa del agua. Su madre le coge la mano, que él nota caliente. Simón está inquieto y se marcharía si no fuera por la mano de su madre. El mar es enorme e intimidante y su madre habla a su lado aunque él no la está escuchando, porque está tenso, porque está expectante. Ambos lo están.

Algo grande le roza la pierna.

Doblan las campanas.

Simón se paraliza.

El cielo es azul.

Algo emerge a unos metros de distancia.

Su madre sonríe.

Un delfín saca su cabeza fuera del agua y ríe.

Suena un timbre.

En la mente de Simón también suena un timbre.

El agua está fría.

Simón suelta la mano de su madre y nada.

Piel rugosa y húmeda, ojillos negros, enorme sonrisa eterna, inocencia animal, cabriolas de plata fundida, risa como la mermelada de fresa, el tacto de la vida, cuerpo de mercurio, compuertas que se abren, calor de agua fría, ventana de pradera marina, corazón que llora, juegos bajo la luz de la mañana, amor de madre, amor de madre, amor de madre.

Cantata de sol radiante.

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2 comentarios en “Cantata de sol radiante

  1. Hola, Ismael. El relato me ha emocionado, aún tengo los ojos húmedos. Y es que vemos como Simon construye sus pensamientos entorno a colores y números que lejos de difuminarse, cobran protagonismo. Nos adentramos en su pequeño gran mundo rebosante de datos anodinos.
    Y cuando aparece Eduardo dispuesto a llevarle a alguna parte, me alarmé. Pensé que con tanto secretismo lo llevarían interno… Pero no 😀 Con esa madre tan maravillosa tenía que ser algo bueno. Se trata de una excursión ¡a jugar con los delfines! Maravilloso. Ella respeta su mundo y aún así le abre una puerta hacia otras sensaciones.
    Lo único, las campanas doblan por los muertos, ese símbolo puede resultar algo confuso.

    Incluyo esta Cantata en mi lista de favoritos con rotu fluorescente. Muy conseguidas, las repeticiones. Y el cojín con las mismas rayas que ayer, magistral.

    Chapeau. Un beso.

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    1. Muchas gracias por tu lectura y comentario. Me alegro de que te gustara, me voy a terminar creyendo que escribo bien :). Mi idea era reflejar el modo de ver el mundo de un autista de alto funcionamiento, o al menos, lo que yo puedo imaginar al respecto en base a mi escaso conocimiento sobre el tema. El desenlace guarda relación con las terapias con delfines.

      Gracias por el apunte de las campanas que doblan. Es verdad que tiene un timbre, cuanto menos, siniestro. Me gustaba la sonoridad de la frase.

      ¿Te presentaste a la actividad del Día del Libro? Te seguiré en el blog. Ya sé que tienes nuevo relato… Por otro lado, yo espero subir uno nuevo a finales de la semana que viene.

      Besos
      Ismael

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