El baile de los monstruos

¡Asombraos! ¡Mirad y asombraos todos!

¡Doce, quince, diecinueve personas ríen y bailan en la sala brillante de luces! Los espejos devuelven la imagen multiplicada cien veces y los ecos hacen cabriolas por las esquinas. En el centro de la sala, el Coronel cuenta un chiste y su séquito le ríe la gracia. ¡Qué ingenio, qué finura! Es un busto a un hombre pegado, de ojos relampagueantes y cuello almidonado. Extiende la mano y un capitán le hace la manicura. El Coronel es un hombre aseado. Pero, ¿quién interrumpe la coreografía de uniformes? ¿Quién corta las órbitas como un cometa descontrolado? El Juez, sí, el rostro adusto y el semblante demacrado, viene a pedir consejo al ilustre.

—Así es, Coronel. Un caso claro.

—Sin atisbo de duda, señoría. No es hombre honrado.

Y los dos ríen de nuevo, carcajadas, saliva y moco, y el amanuense empapado.

¡Esperad! ¡Se escuchan palmas! Unas manos regordetas piden, reclaman, exigen. Es el Obispo, no le hagáis esperar. No le bastan con los muslitos; traed también el faisán. ¡Corred, corred! Ya sus manos están vacías. ¿Servilletas? No traigáis. El prelado acostumbra a limpiarse los dedazos en los traseros de púbiles escolanos. Si necesitas creer, no lo hagas: ya lo tienes a él.

¡Toda una fiesta, sí señor! ¿Y aquel, tan bien trajeado? ¿Por qué se desliza de un lugar a otro como si no quisiera ser avistado? Se trata del Gobernador, por Dios: sed más espabilado. Ofrece, negocia y regatea con promesas, tu reino por mi caballo. ¿Y aquel que va a su lado? ¡Otra vez lo haces, alma de cántaro! ¿Quién va a ser sino el Banquero? Fíjate, con cada apretón dispensa dólares, francos, pesos y hasta libras. ¿No ves cómo es amado?

La orquesta se prepara. Un acorde, dos, tres. Ya sube el director, ya tiene la batuta en la mano. Todos callan.

Sí, espera al invitado.

Las puertas dobles se abren. Una ráfaga de aire fresco inunda la sala y las luces parpadean por unos instantes. Desnudos, desnudos tal cual fueron engendrados entran un hombre y una mujer. Están ateridos de frío. Aún retienen en sus pupilas el afecto de sus padres y recuerdan en sus brazos la ternura de unos muñecos de trapo. Hermosos ellos, y bienvenidos.

Las puertas se cierran. A su señal, el director de orquesta se gira. Los músicos comienzan a tocar. La marabunta aúlla de alegría y engulle a los dos jóvenes en sus fauces de brillantes colores. El Gobernador lisonjea, el Obispo tienta. El Juez ordena y el Coronel golpea. No falta el Banquero para poner la zancadilla.

Y al fin, cuando todo ya ha acabado, no queda de este baile más que un recuerdo de hermosas y jorobados.

Anuncios

2 comentarios en “El baile de los monstruos

    1. Si no recuerdo mal, el concurso era de nueve de la noche a una de la mañana… Pero esto lo empecé a escribir a mitad, cuando deseché lo que llevaba hasta ese momento. No es excusa :D.
      Si te refieres a las rimas con lo de errorcillos, son intencionadas. Pero no me atrevo a tocarlo mucho. También es interesante como testamento del concurso. Literatura exprés. Suerte tuve de completar algo.
      Gracias por leer y comentar, un besazo

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s